viernes, 18 de marzo de 2011

Pensamiento crítico

Si algo brilla por su ausencia en este régimen carente de una consistente ideología política, hendida en vaporones socialistas de ocasión, es la existencia de un pensamiento crítico, mientras a la par se desborda a mansalva un apabullante culto a la personalidad que va in crescendo.
El hecho en sí mismo de concretarse un "Premio Libertador al Pensamiento Crítico", financiado y ventilado por el Gobierno, es la certeza de que la cuadratura del círculo de Arquímedes existe y el Pi egipcio lo abarca todo.
Este año le fue concedió el galardón al filósofo húngaro Istvan Meszaros, al cual Stalin hizo besar el polvo del ostracismo en su propia patria. El libro premiado, cuyo título lo define en su propia exactitud: "El desafío y la carga del tiempo histórico. El socialismo en el siglo XXI", estaba ya ganado antes de ser escrito para la causa del chavismo. No había vuelta de hoja.
Tras la entrega de la estatuilla y 150 mil dólares de Cadivi, el Presidente definió a Meszaros como uno de los radiantes pensadores de la actualidad a galope entre dos siglos, destacando en aquella rama en la que el miembro de la Escuela de Budapest siguió los parámetros del revisionismo marxista al pie de la letra.
Todo creador - poeta, escultor o pintor- al decir de Serguéi Prokófiev, debe servir al hombre y a su pueblo. Está llamado a embellecer la vida del ser humano y defenderla, a mantener el espíritu cívico en su arte, a glorificar la vida y conducir al hombre hacia un futuro luminoso, sin dudar en ningún instante que el Gran Líder jamás se equivoca y el pueblo debe seguir siempre sus huellas inconmensurables.
Hay un pequeño contrariedad, según Umberto Eco: "El pueblo, como expresión de una única voluntad y de unos sentimientos, no existe. Existen ciudadanos con ideas diferentes y el régimen democrático", algo desconocido en las estructuras del partido gobernante y por ende en el resto de los poderes públicos. Sí rebosa en apabullante cuantía, la imposición de la voluntad de un hombre: El Caudillo.
Cuando un mal llamado pensamiento crítico emprende una actividad mental disciplinada, el egocentrismo anula los derechos y necesidades de los otros, mientras los intelectuales afines a la ideología imperante asumen posturas de sumisión calibre estándar.
No hace falta ir lejos: Recientemente un grupo de doctos afectos al oficialismo - Vladimir Acosta, Santiago Arconada, Rigoberto Lanz, Luís Brito García y algunos sesudos del Grupo Miranda - , cometieron el sacrilegio de solicitarle al Partido Socialista Unido de Venezuela más amplia discusión y menos seguir resolviendo las contrariedades del movimiento bolivariano en un pequeño cenáculo enmarcado en la obediencia ciega al líder máximo.
Mejor no. El sepulcral silencio de la dirigencia tuvo una explicación envuelta en temores: nadie platicaría hasta que lo hiciera el cacique del equipo rojo-rojito. Y cuando habló Chávez fue para exigirles a los "atrevidos" la retractación de sus errores ideológicos y la eliminación de la calentura de un pensamiento crítico, el mismo que ahora se premia en las páginas de un anciano magiar, cuyo texto pocos leerán y menos asimilarán.
(16 de septiembre 2009)

Nirvanas lascivas

Rafael del Naranco

La prostitución viene de la insondable noche de los tiempos, y  con ella los valores económicos, sociales y sexuales de cada sociedad.
La motivación hacia el goce ofrecido puede ser laica o religiosa, y en todas las sociedades las rameras provienen  de estratos sociales bajos y oportunidades limitadas; alguna excepción a la regla existe, no obstante su cognición parte de otras muy distintas raíces.
Leyendo la novela “Pompeya” de Robert Harris, en la que se recogen  con fidelidad las 48 horas de la destrucción a cuenta de la furia del Vesubio de la “perla de la bahía de Nápoles”, el “thriller” dedicado al erotismo pompeyano es reflejo fidedigno de una urbe de buscones y de sus renovadas destrezas sexuales.
Lo primero que el viajero ve, siente y hasta toca en la ciudad tapiada por la lava, no  es   su aire de humedad marina, sino la presencia de mancebías en la mayoría de las calles, ya que la barbacana metrópoli, una de las  más activas del imperio romano, estaba   ofrendada a Venus, la diosa del amor.
“Si quieres un buen revolcón, Pompeya es el lugar indicado: ¡nueve burdeles!”, expresa un personaje de la novela de Harris.
 Históricamente, los viajes y la permutación de favores sexuales  han ido siempre de la mano.
Cada población, de una forma u otra, a plena luz del día o en la florescencia de la noche, cuentan con  su “barrio de bulbos rubicundos”, y eso se hace como un servicio  social más, al ser  el placer, igual al dolor, la sonrisa y la muerte, patrimonio característico de la raza humana.
Habrá quien diga que la explotación   de ese meretricio, más que extinguirse se ha refinado; lo mismo el uso y abuso de menores de edad.
Son frecuentes los  desplazamientos a los países donde los niños son ofrecidos cual plato afrodisíaco, bajo la idea errónea de estar practicando sexo seguro,  al tener esos pequeñuelos menos posibilidades, a esa edad,  de estar infectados de  enfermedades venéreas.
En Ámsterdam  existe - eso creemos -  el único museo del mundo dedicado al sexo. Todo el placer inventado por el ser humano, está allí.  Sorprendente es ver lo que la imaginación ha derrochado en ese labrantío y es que,  en  la vida cotidiana, la cópula  desarrolla un papel muy enfatizado en sus  aspectos ardorosos, yendo con creces   mucho más allá de la simple procreación y de su  entorno benéfico.


domingo, 13 de marzo de 2011

El terremoto y la Cábala

El guarismo 11  tal vez  contenga un signo apocalíptico.
En el corto espacio de una década,  comenzado el 11 de septiembre de 2001,  fueron  desgarradas  las Torres Gemelas en Nueva York, dos edificios paralelos  que vistos de lejos  formaban un 11. Otro día, con esa tremebunda conclusión del número árabe,  sucedieron los atentados de los trenes de Atocha en Madrid, y ahora, un viernes 11 de marzo, se  produjo el terremoto de Japón con su espantoso tsunami.
Visto bajo esa amarga premisa,  los dos dígitos se nos presentan de   susto.
 En el Evangelio de San Juan, Jesús habla sobre el número espeluznante: “¿No tiene el día doce horas? El que camina de día, no tropieza, porque ve la luz de este mundo. Pero el que camina de noche, tropieza, porque no hay luz en él”. El Nazareno  llamó a unos al comienzo del día, volvió a llamar a otros a la “tercera hora, y fueron llamados otros a la sexta y la novena, y los últimos a la undécima hora o sea la hora 11 ¡La hora “11”!  ¡La última hora!
Para los entendidos  en los misterios del ocultismo, el culto a Osiris, la Cábala y el  libro de Thot, las doctrinas secretas son reales, “lo visible  es una manifestación  de lo invisible”.
Ese principio,  verdadero para todos los fenómenos de la Naturaleza, nos indica la diferencia entre la ciencia de los antiguos y la moderna.
¿Es una coincidencia? Tal vez sí, aunque a lo largo de la historia humana ese número aparece en intervalos fatales.
El terremoto de Japón con la espantosa secuela del tsunami, puede dejar más de 10.000 muertos y unas plantas nucleares en peligro de contaminar cientos de kilómetros terrestres y un inmenso espacio del Océano Pacífico.
Eso no es ocultismo, es bien real. El terremoto de fuerza 9.0 en la escala de Richter del 26 de diciembre de 2004 de Sumatra, mató a más de 150.000 personas  - la cuarta parte de ellos niños y decenas de turistas extranjeros-, lo que  nos explica la fragilidad de la existencia en el planeta Tierra.
Todos los millones de  seres vivos apiñados a esa insignificante  esfera azul, somos cual mota de polvo, y cualquier mal soplo de viento,  frío, o un estornudo en la profundidad del magma de  sus entrañas, nos hace desaparecer en un santiamén.
Existimos por una casualidad, un milagro esplendoroso e incomprensible: tanto, que si los dinosaurios no hubieran sido exterminados por un potente meteorito, la raza humana no estaría aquí.
 El maremoto sobre  las islas de Japón es la prueba cruel de lo dicho. No es la primera vez. En 1815, en la isla Indonesia de Sumbawa, una montaña llamada Tambora, estalló súbitamente  matando a 100.000 personas en la explosión y en los continuos tsunamis relacionados.
Tambora fue la mayor detonación volcánica de los últimos diez mil años, equivalente a 60.000 bombas atómicas del tamaño de la de Hiroshima.
El poeta inglés Lord Byron se hallaba  en 1815 por aquellas islas paradisíacas, y escribió:
“Yo tuve un sueño, que no era un sueño. / El luminoso sol se había extinguido y las estrellas vagaban sin rumbo…”
Esas palabras -reales, no ficticias-  reflejan  el brutal y despiadado manotazo sufrido en las costas de la nación del Sol  Naciente.




viernes, 11 de marzo de 2011

El oficio de Dios

No soy judío sino cristiano añejo, y ejerzo en cierta forma de ello. Mi catolicidad es ancestral: devotos de esa creencia han sido mis antepasados, y a tal razón ese atributo forma parte de mi libre albedrío espiritual.
Hace tiempo, siendo lozano en edad, solía ir a Israel alguna vez, si terciaba y el peculio lo permitía, al estar contenida en esos surcos requemados la razón más característica de mi fe, y ser el judaísmo sustanciación de la creencia hereditaria.
Ninguna otra religión posee tanta fuerza mística. Si a esto se unen los amigos y la extraordinaria literatura que ese pueblo ha sembrado en nosotros, se entenderá el apego hacia los hijos del Talmud, la Cábala o la Torá.
Existe una festividad hebrea hacia la cual siento un enorme apego: el “Yom Kipur” o Día del Perdón, tiempo prodigioso por lo que encierra de humanismo.
La festividad posee un significado cualitativo profundo. Cierto proverbio árabe dice: “El hombre que perdona a sus enemigos haciéndoles bien, se parece al incienso, el cual embalsama el fuego que le consume”.
En los momentos más cruciales de nuestras vidas, uno perdona tan ampliamente como ama. Un día, en uno de mis libros casi olvidados, escribimos estas certeras palabras: “El único oficio de Dios es el de perdonar”. No tiene otro; posiblemente su profunda querencia hacia lo creado, pero lo primero va unido inexorablemente a lo anterior.
Un pueblo que dedica un día para el perdón, merece respeto y admiración. Sé poco de los conceptos hebraicos: a lo máximo, lo arrancado de alguna que otra lectura, pero existe algo en esa antigua convicción, en la forma ancestral de su riquísima liturgia, que envuelve nuestro deteriorado individuismo en una esponja y lo refresca.
Estando una noche en el Kibutz Kfar Guiladia, frontera norte de Israel con el Líbano, unos colonos levantaron una hoguera y alguien rompió el aire gélido con una bella balada popular: “El sol y el mar, / el pan y el mundo, / lo amargo y lo dulce: / dejemos atrás lo que hubo, / vivamos sólo en el canto.”
Una cancioncilla, por insignificante que parezca, puede guardar el bálsamo necesario para sentir la necesidad de seducir a nuestros semejantes, y en ese aspecto el Yom Kipur es, a la manera de la luz, el agua, la querencia y el pan nuestro de cada día, la necesidad de emanar perdón por los resquicios sensitivos del alma.

jueves, 10 de marzo de 2011

Pablo, el juglar

El poeta, rostro triangular, guarda gestos de campesino, voz de trueno, y todo él  es un rayo encendido. Cuando habla, se agrieta la América cobriza, y el viento va a esconderse cabizbajo en las grutas recónditas de los Andes.
 Había sucedido el milagro, el esplendoroso acontecimiento.
Allá, donde comienza el Sur y la brújula caía de muerte certera, el poeta teutónico, aquel que cuando hablaba, decía poncho, mascarones espumosos, maíz,  piedras heridas, y en cada sílaba amasaba una y mil veces el  aullido de “Canto general”, arrancaba de la Tierra a un titán abrasador cimentado de versos, madrigales en flor y caminos serpenteados de yedras.
En ese amanecer, Isla Negra chorreaba oscuridad. Los peces y los mástiles, asustadizos, se hundieron en el océano y la misma luz del alba no se atrevió a romper el horizonte  de un color nacarado.
Alguien, ante el cadáver del poeta de todos los abandonados del planeta, se abrió las venas y pintó sobre manto de nácar: “...Hay un mensaje escrito en las paredes / y el pueblo, sólo el pueblo, puede verlo.”
Los primeros en leerlo quedaron ciegos, los párpados se cerraron tras mamparas de hierro y la  saliva se helaba mientras hervía. Los más viejos supieron entonces que el poeta de América se moría a la intemperie.
 Pablo, el juglar, recorrió  envuelto en mortaja azulina, frente a  aquellos  acantilados cara a la furia del Pacifico toda la gama de la lírica. En  su primera etapa juvenil – “nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos” - cruzó volando el  húmedo sendero vaporoso del romanticismo, y así, en “Veinte poemas de amor y una canción desesperada” nos legó el libro que casi hunde toda la poesía amorosa europea, desde los romances anónimos del siglo XV, pasando por los resquemores apasionados de Jorge Manrique, Juan de Encina, Baltasar del Alcázar, Lope de Vega, hasta varar en las “Nanas de la cebolla” o en las faldas de aquella casada infiel que todos en algún momento, envuelta en polvo y sudor, nos  hemos llevado a la sombra de  los cañaverales del  río.
 Al pie de la tumba lo esperaba esa mañana Gabriela Mistral, la  “maestra pequeña y frágil”,  cuya obra,   de una sexualidad erótica arrebatadora, estaba alzada  sobre uvas y vientos. De ella,  el poeta bebió hasta el hastío.  Era agua fresca para el jolgorio de su espíritu.
Aquel  día lejano del adiós perpetuo, el viento en los arrecifes de Isla había huido a los promontorios, mientras  sobre Santiago los  borceguíes de los militares pisaban el mosto de la libertad para hacer vino de sangre. En el Palacio ya estaba  - sombra y miedo - sentado  el autócrata.
Hoy todo es evocación, y aún así,  escuece el doliente recuerdo.
Chile ya no es la misma, y nosotros – aún sin saberlo por muchos esfuerzos que hagamos – quizás tampoco. En alguna parte del cuerpo hendido  escuecen las estribaciones del alma, el aliento tirita y hay carámbanos en las ventanas de la mirada.
Caracas, 10 - 03 -2011

sábado, 29 de enero de 2011

Las dos muertes de Carlos Andrés Pérez



Se cumple un mes del fallecimiento del ex presidente de Venezuela en medio de un pleito familiar  sobre su definitiva inhumación. Tuvo esposa y concubina que acompañaron su vida a partes iguales. Mientras la legítima pide que su cuerpo descanse en Venezuela, la amante sentimental desea  que continúe en Miami hasta que el país se libere del yugo de Hugo Chávez.

Rafael del Naranco

El  ex presidente de Venezuela Carlos Andrés Pérez, popularmente conocido como CAP,  reposa en una urna climatizada  en una funeraria de Miami desde el pasado 29 de diciembre tras su fallecimiento el día 25 a los 88 años de edad, en espera del resultado de un pleito entre las dos  familias que tuvo.
Esta es la definitiva muerte  del hombre que gobernó el país caribeño en dos períodos trascendentales, 1974-1979 y 1989-1993.
 La primera de las esposas,  de la que no se ha divorciado y cuya unión tuvo lugar el 1948, es su prima  Blanca Rodríguez de Pérez, la compañera en los tiempos difíciles que los llevó exilados a Costa Rica tras el derrocamiento del presidente Rómulo Gallegos, el conocido autor de la novela “Doña Bárbara”.
Con Blanca tuvo cuatro hijos. Ahora solicita  al juez de Florida, Arthur Rotherberg, que los restos del cónyuge sean sepultados en su tierra natal al lado de Thais, la hija fallecida hace 15 años.
 A ello se opone Cecilia Matos con la que CAP compartió más de tres décadas y le dio dos   niñas. Para ello presentó el testimonio del historiador Agustín Blanco, autor del libro “Yo sigo acusando. Habla Carlos Andrés Pérez”.
El escritor alega  que cuando  le preguntó al ex mandatario si deseaba a fallecimiento ser enterrado en Venezuela, tres veces respondió: “Cuando haya democracia, cuando hay democracia, cuando haya democracia”,  lo  cual prueba  fehacientemente según Matos, su rechazo  a ser llevado al pais donde  Chávez, que ahora aboga por que venga la urna a Caracas, intentó derrotarlo militarmente.
 El magistrado de Miami se halla ante un difícil dilema, y pide, mientras decide, que el cuerpo de Pérez sea depositado en una cripta hasta que se resuelva la  disputa, lo  que bien pudiera tardar algunos meses.
El ex presidente tenía un concepto muy respetuoso de las obligaciones sociales y trató de ajustarse a ellas, aún a sabiendas de lo difícil  que resultaba. Esa es la razón de que no se divorciara de  doña Blanca.
 En una entrevista en su casa  de nombre “La Ahumada” -  la cual  tenía por cárcel al ser destituido de la presidencia de la república el 30 de mayo de 1996  por “malversación genérica  agravada”,  según la sentencia de 777 páginas  de la Corte Suprema de Justicia -  y a sabiendas de que ya tenía unos años a Cecilia Matos  como compañera sentimental, a la pregunta:   ¿Qué piensa cuando le hablan de su otra vida amorosa? Respondió:
“Nosotros los andinos – ésta es una característica  regional – somos muy reservados y respetuosos de los convencionalismo, y nunca abordamos  estos temas, no nos gusta tratarlos  en discusiones  públicamente. Siempre he tenido una gran responsabilidad sobre las ataduras hogareñas, sobre los compromisos con los hijos”.
 A otra interrogación de si se había sentido incomprendido sentimentalmente alguna vez, explicó: “No tendría una respuesta fácil para esto porque no he sido  enamoradizo, no he sido persona  de dedicarme a esos menesteres”
Y remató, acaso sin darle importancia: “Yo creo que ser un Don Juan  es una actividad como otra cualquiera”.
La señora Matos está de acuerdo en que los restos de Carlos Andrés sean depositados en un mausoleo en Miami hasta que pueda, una vez Chávez abandone el  poder, regresar a Venezuela. “Además – añade – le daría dignidad”.
Ese es también el parecer del juez Rotherberg. A ello se opone rotundamente la familia legal,  formada por Blanca Rodríguez y sus hijas, con el argumento que una vez depositado en la bóveda del camposanto bajo tierra, judicialmente en los Estados Unidos  ese acto  se considera un entierro, y la demanda planteada para repatriar los restos a Caracas pudiera ser anulada.
En el juicio los abogados de Cecilia  afirmaron que si el ex presidente no se divorció de su primera esposa, fue por el impedimento del mandatario Hugo Chávez que controla los tribunales de justicia en su país.  
El Comandante respondido ayer diciendo que echarle la culpa de que Carlos Andrés Pérez no pudiera divorciarse es “el colmo de la locura”, y expresó su deseo de que el fallecido ex gobernante pueda ser sepultado en su tierra natal.
Para CAP Chávez era un dictador,  del que prefería no hablar, al considerarlo desgraciadamente una inflexión en la situación política venezolana.
Esta sería la segunda muerte del hombre de Rubio – su pueblo natal en el estado Táchira,  fronterizo con Colombia  -, al ser la incipiente cuando se vio ante un tribunal y le costó el cargo presidencial que había a  sumido en dos ocasiones.
 En aquel instante, y ya camino de una celda en la cárcel de El Junquito,  rodeado de presos comunes, hasta ser trasladado unos días después a su residencia-prisión, habló al país  con emoción pero sin amilanarse.
Si en ese instante se le hubiera pinchado una vena, posiblemente  en lugar de sangre manaría jugo de frailejón, al arbusto duro y reseco de los Andes venezolanos de su infancia.
“No he perseguido a nadie. A nadie he hostigado. Sin embargo, contra nadie  se ha desatado una campaña sistemática, larga y obsesiva, como se ha ensañado contra mí y contra mi gobierno. Lo he soportado con la convicción de que en las democracias son siempre preferibles los abusos de la oposición que los abusos del Gobierno”
 Y remató con denuedo: “¡Hubiera deseado otra muerte!”.


domingo, 2 de enero de 2011

“Hugo Chávez tiene un cuartel en el cerebro”

Periodista (chavista ex confeso) ve en el líder revolucionario a un hombre con una capacidad de trabajo “asombrosa” y una inteligencia “que Dios le guarde”. Pero también ve a un sujeto con una irreductible mentalidad castrense, que ha hecho de la ilusión bolivariana un nuevo desengaño

IGOR MOLINA 





Rafael Del Naranco dice que Chávez repite el papel de todo dictador en su relación con los medios

Caracas.- Entra en el que fuera el despacho del mítico editor Miguel Ángel Capriles -oscuro, vacío, con los fantasmas del ayer todopoderoso ocupando todavía sus butacas irrenunciables, con las hilachas de su gloria inmortal hechas de olor a tinta y papel- y señala con la mirada deslumbrada: “Aquella era su silla y aquí me sentaba yo, allá Nelson Luis Martínez y más allá…” 

Rafael Del Naranco, una institución viva del periodismo venezolano, está íngrimo y solo, una tarde de sábado en el piso 9 de la Torre de la Prensa, mirando con desgarradora ternura el pasado. Llora sin lágrimas. En los últimos 20 años no ha concedido entrevistas. “Trátame como te dé la gana”, musita.

-Usted es testigo de excepción en el periodismo venezolano…

-Tú también. Si yo te entrevistara, tendrías muchas cosas que contar. Tú hiciste sociales y conociste a muchos grandes señores que después supiste que no eran tales y otros que no lo parecen y sí lo son. Todos tienen su historia, grande o pequeña. Normalmente los periodistas tienen historias grandes, que al ser sobre hechos cotidianos parecen historia pequeña, pero no lo son. Todos juntos hacen la historia verdadera.

-Usted conoció otro país del periodismo, cuando éste era admirado y respetado.

-No hace tanto: hace 12 o 14 años.

-Exacto: antes de la llegada de Chávez al poder. Hoy la conseja popular es que hay que descreer de lo que se publica y de lo que se oye en radio y tv. ¿Por qué se ha descendido a este foso?

-El periodismo nunca fue el buen personaje de la película. Está hecho por seres humanos y hay periodismo bueno y malo, como hay seres humanos buenos y malos. Hay periodistas -y dueños de medios- que han abusado de su poder y otros que lo han hecho de la mejor manera posible. Lo que sucede con Chávez es lo siguiente: es un autócrata. En criollo eso quiere decir dictador. Y todo personaje de esa especie en la historia, por su deformación espiritual y moral, sólo admite la adulancia. Las dictaduras, ésta y cualquiera, por lo primero que van es por los medios, porque ellas crecen sobre la ignorancia de sus actos, que no se sepa lo que hacen. Todos los medios del Estado son un botafumeiro hacia Chávez: si no es Dios, le falta poco. Si está lloviendo y a Chávez le da por decir que es un invento de la oligarquía, la mayoría del chavismo dice que hay un sol espléndido aunque le esté cayendo el agua a chorros sobre la cabeza. Yo no puedo decir, porque sería absurdo, que antes de llegar Chávez todo funcionaba en este país. Los últimos años de AD y Copei fueron un desastre. De aquellos barros vinieron estos lodos. Aún así, en aquella época funcionaban las instituciones. Un ejemplo palmario: un congreso con mayoría de AD y un fiscal general relativamente independiente sacaron al Presidente. Hoy eso sería impensable. Y ocurrió porque entregó 400.000 dólares de la partida secreta a Nicaragua, cuando hoy siguen desapareciendo en manos de la corrupción millones de dólares y no hay un preso.

-¿Debe el periodismo venezolano tener conciencia autocrítica? A juzgar por sus palabras, no la tiene.

-La tiene poca, pero la tiene. Dadas las circunstancias, a nadie se le puede exigir que sea valiente. Aún así, hay un grupo admirable de periodistas, como hay otros que son rastreros morales. Cuando un gobierno con tanto poder como éste controla todo, no es fácil pedirle a un periodista que salga a enfrentarse con ese monstruo, llevando para defenderse un bolígrafo, un block o un grabador.

-En la Venezuela anterior a 1998 hubo periódicos censurados y cerrados, sus dueños exilados y periodistas enjuiciados. De 1998 para acá, esa situación no existe. Nunca antes se había visto un gobierno sometido a una ofensiva mediática concertada como ahora. ¿De qué país estamos hablando?

- De la Venezuela de siempre. Yo padecí eso como nadie en la Venezuela de la cuarta república, pero de lo que quiero dejar constancia es que había un resquicio, aunque fuera pequeño, para acudir a los tribunales. Hoy es imposible.

-¿Qué diferencia a aquel periodismo del que se hace hoy?

-Como diferencia, ninguna. Lo que ha cambiado es la actitud del gobierno y de los medios respecto a éste. Los medios apoyaron a Chávez en 1998, pero estaban acostumbrados, una vez que el candidato ganaba, a pasarle la factura. En negocios, en campañas publicitarias y hasta en tener sus propios diputados. Chávez les salió respondón y les cerró totalmente esas prebendas. Ahí empezó el enfrentamiento contra el chavismo, con la salvedad de que se acrecentó tras el golpe de abril de 2002. Yo viví eso en primera persona. Era director de El Mundo y fuimos el único periódico en Caracas que estuvo al lado del gobierno. Chávez me llamó el 14 de abril a las 4:00 de la madrugada para agradecerme que no lo hubiera traicionado. Y le dije: “No, Chávez, tú eres el Presidente constitucional y debes ser respetado”. Yo también era corresponsal del diario El Mundo de Madrid y allí informé que los periódicos de Caracas habían guardado sepulcral silencio el 13 de abril. Aquí ni Ultimas Noticias estuvo ese día a favor del gobierno. Después, sí. Y menos El Nacional o El Universal. Pero dos años después, paulatinamente, fui dándome cuenta de que el Chávez que yo conocí, noble, abierto, generoso, había cambiado.

-¿A Chávez lo hizo cambiar la ferocidad de la derecha venezolana?

-En principio, sí. A mí me dijo José Vicente Rangel: “Aquí se terminó la templanza con la gente del este”. Y fue cierto.

-La historia venezolana y latinoamericana es un rosario de procesos políticos en los que el pueblo es continuamente traicionado por líderes que comienzan siendo sus portavoces y terminan siendo de las oligarquías. ¿Chávez no contradice esa historia de tragedias populares al no plegarse a la burguesía?

-Cierto. Pero Chávez tomó para sí los privilegios de la burguesía.

-¿Cuáles?

-Todos. Es dueño de los medios, de las tierras, de las empresas, hasta del aire, del éter, de todo. Él se volvió lo que se llamaba en tiempos de Gómez “El gendarme necesario”. Y Chávez hizo algo más grave, que es lo que le va a cobrar la historia: dividir el país en dos mitades, cada una de las cuales odia a muerte a la otra.

-¿Podría ser que ahora el pueblo llano esté consciente de sus derechos y de cuál clase social se los ha arrebatado siempre y todavía quiere volver a arrebatárselos? ¿Será eso lo que llaman división?

-Esos derechos del pueblo, que son tuyos y míos, ahora los tiene Chávez. Yo fui chavista cuando nadie lo era. Pero yo pasé de la ilusión más grande al desengaño total. Esto no es lo que mucha gente soñamos. ¿Dónde está la ideología de este proceso? En el programa “Aló Presidente”. Ahí se sienta el alto gobierno esperando las directrices que se le ocurran al Presidente. Las preguntas que me haces son muy sensatas y tienen sentido. Yo, en el fondo, no soy antichavista, soy anti-Chávez.

-¿Cuál es la diferencia?

-El chavismo nació para hacer un país justo. Por eso arrastró a tanta gente. Pero cuando Chávez entró en Miraflores, el poder lo alucinó. El día antes no tenía ni para comprarse una arepa y al día siguiente era el emperador de un reino: Venezuela. El error grave que hemos sufrido con Chávez es uno nada más: que salió de un cuartel a la silla presidencial. Es un militar a tiempo completo y él tiene una idea del mando totalmente cuartelaria: las órdenes se cumplen, no se discuten.

-Usted ha sido un agudo observador de la escena internacional. Cuando uno examina la historia de América Latina, percibe un rasgo asombroso: hemos sido vasallos permanentes de los grandes poderes mundiales. Lo mejor siempre viene de afuera. ¿Chávez ha detenido ese proceso de vasallaje?

-A medias. América Latina se viene quejando desde hace 500 años de su paupérrima situación cuando es el continente que tiene las riquezas más grandes del planeta. Aquí se pueden tener tres cosechas al año y nos hemos muerto de hambre. Pero no sigamos derramando lágrimas nuevas sobre penas antiguas. Chávez tiene un sentido nacionalista muy profundo, pero hoy los nacionalismos encerrados en un mundo global dan poco espacio al movimiento. Cierto, Chávez creó el Alba, pero la impuso a realazos. ¿Ves? Él quiso mandar en el Alba: son las ideas del cuartel. Chávez tiene una capacidad de trabajo asombrosa, una inteligencia que Dios se la guarde, pero a la par tiene un cuartel en el cerebro. En el fondo, si me ponen a escoger entre la oposición a Chávez y Chávez, me voy con Chávez para ver si lo convenzo de que hay que contar con todos, que todos no tenemos casa en el Country Club, que nos levantamos a trabajar, no somos oligarcas, no somos sinvergüenzas, no somos millonarios. Chávez tiene muchas acciones positivas, pero sus errores son mayúsculos. Creo que, a estas alturas, Chávez es un caso perdido.

De perfil

“ Soy como el gorrión: como y duermo en Venezuela, pero no vivo en Venezuela”. Así es como Rafael Del Naranco deja claro que todavía -hasta su muerte y más allá- seguirá siendo español, seguirá siendo asturiano.

“ Nació en Guijón, en la década de los cuarenta del siglo pasado. Y confiesa que ya a los tres años su madre le vio vena periodística. “A los 14 años entré por primera vez en la redacción de un periódico y hoy, a los 65, no he salido de ella. No he tenido ningún otro trabajo. En los últimos 25 años he escrito y publicado todos los días”.

“ En la década de los años 70, por invitación de Carlos Canache Mata, llega a Margarita y allí funda, sucesivamente, los diarios El Sol de Margarita, El Impacto y La Voz de Juan Griego. En 1980, Miguel Ángel Capriles (padre) lo invita a venir a Caracas para encargarle la Jefatura de Redacción de la revista Venezuela Gráfica. “Era una cosa horrorosa, el periodismo que se hacía era demencial”, recuerda. 

“ Luego pasa a redactor, subdirector y director de Élite, otra de las desaparecidas revistas del emporio editorial Cadena Capriles. Y también dirigió El Mundo (en su era de vespertino), hasta que, en 1999, entregó el testigo a Teodoro Petkoff.